Tu gato araña los muebles: cómo dejar de hacerlo
Esto no es veterinaria. Describe lo que suele funcionar en casa. Si tu gato no come, no orina, se esconde todo el día o algo cambió de golpe, al veterinario: eso no se arregla leyendo.
Un gato araña porque es un gato. No es un mal comportamiento ni te está castigando. Es lo que hacen para dejar su olor marcado y para estirar los músculos de la espalda, y si no hay nada mejor a mano, lo hace en tu sofá.
La buena noticia: es de las cosas más fáciles de arreglar, porque casi siempre es un problema de dónde está el rascador, no del gato.
Por qué el castigo empeora el problema
Esto es lo más importante, y es contraintuitivo: gritarle nunca funcionó, en ningún gato, nunca.
Cuando un gato araña el sofá y le dices algo, lo que aprende no es “no arañe el sofá”. Lo que aprende es “arañear el sofá daña mis manos” y, peor, “cuando rasco el sofá pasa algo desagradable”. El resultado típico es un gato que sigue arañando, pero por la noche, cuando no lo ves, o en otro sitio.
Nunca pongas la cara del gato contra el mueble, ni le sujetes la pata. Además de no servir, rompe la confianza y te cuesta semanas recuperarla.
Lo que el gato está buscando
Un buen rascador tiene que cumplir cuatro cosas. Si tu gato lo ignora, casi siempre es porque le falta una de estas:
- Vertical. En pie, no tumbado. Aunque sea una tabla vertical atada a una pared.
- Estable. Que no se mueva cuando se apoya. Si se balancea, no sirve.
- Pegado a algo alto. Los gatos marcan territorio en vertical, y lo hacen mejor si sienten que dominan el espacio. Un rascador a media altura, al lado del sofá, va bien.
- Del tamaño de él. Un rascador para un gato pequeño no sirve. Tiene que poder estirarse entero.
Dónde ponerlo
Aquí está la mitad del truco. La gente compra el rascador, lo deja en una esquina arbitraria y el gato no lo toca. El problema es casi siempre este: el rascador está lejos de donde el gato pasa el rato.
Ponlo al lado del mueble que araña. No en otra habitación. Al lado, en el mismo sitio. El gato tiene que elegir entre las dos cosas.
Y si el sofá está en medio del salón y el gato pasa por ahí cada día, el rascador va en ese pasillo.
Los materiales que funcionan
No todos los gatos usan lo mismo:
- Corcho, el clásico, funciona en la mayoría
- Cartón corrugado, y va bien
- Sisal o cáñamo, mejor para los que arañan fuerte
- Madera, para los que no les gusta nada blando
Ofrece dos a la vez. Uno de pie y otro tumbado. Gasta diez soles en probar y ahorra meses de gatos ignorando su rascador.
Protege el mueble mientras tanto
Hasta que el gato acepte el rascador:
- Cinta de doble cara en las zonas que araña. Cuando se la quite, se llevará consigo las uñas. Y recordará que ahí le costaba.
- Mantas o fundas encima. Nada más efectivo, y más rápido.
- Limpia bien. El olor a gato en el sofá es la razón por la que vuelve. El olor le dice que es suyo.
No rocies con nada. Los repelentes y el vinagre en espray no funcionan, y el vinagre aísla el olor de la tela y luego el gato lo rasca peor por eso.
Y si araña la puerta o la cama
Es lo mismo pero con señal territorial. En la puerta, la verdad, muchas veces es un problema de otro gato al otro lado. En la cama, si la araña al subirse, ponle ahí un rascador tumbado y se acaba el debate.
Cuándo hay que mirar por otra causa
El arañado es siempre normal. Pero si ha cambiado de golpe — antes no arañaba nada y ahora va a por todo — puede ser otra cosa:
- Dolor en las patas o la espalda
- Problemas de piel que le pican
- Ansiedad por un cambio en casa
- Un gato nuevo que ha llegado
Si el arañado es nuevo y excesivo, vale la pena una revisión veterinaria. La gracia de este artículo es que el problema se resuelve en casa, y eso funciona en la gran mayoría de los casos.
Aviso: nada de esto es veterinario. Si el arañado viene acompañado de cojera, letargo o alguna otra cosa rara, al veterinario.
Fuentes: International Cat Care · ASPCA · RSPCA
Fuentes
Enlaces al original para que puedas comprobar cada dato.